Ingenieros de la Universidad Cantabria quieren diseñar más turborrotondas: “Es lo más divertido de nuestro trabajo”

La abundancia de obras en la ciudad de Santander tiene padre y madre: los ingenieros de caminos, canales, puertos, puertas y rotondas de la Universidad de Cantabria. Unos ingenieros que están disfrutando con sus trabajos, creando el caos con los autobuses (“Mira, los vamos a llamar a Metrobuses, je, je, je”), con los peatones (“Mira, solo ocho segundos de paso antes que les atropellen, je, je, je”), con los ciclistas (“Mira, ahora les metemos por un túnel, je, je, je”) y coches (“Mira, este no sabe salir de nuestro lío de rotonda, je, je, je”).

Unos técnicos que reivindican su carácter de “Ingenieros Sin Fronteras” y quieren participar en otras obras y trabajos de la ciudad y alrededores: “Queremos diseñar espigones por parejas (de espigones), rellenar la bahía con islas artificiales, llenar la región de turborrotondas y, nuestro producto estrella, diseñar una pista de aeropuerto con forma de W, o M si sale mal”.

“Nuestro trabajo es muy divertido y nos reímos mucho cuando nos aprueban proyectos. Ahora estamos pensando en turborrotondas con vestuarios y duchas, parques infantiles llenos de piedra y edificios con losetas numeradas con premio, para saber qué te toca si te cae una encima”. “¿Qué ya existen? Entonces, las empeoramos”.

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