La araña del Guggenheim se muda al Parque de Cabárceno, un lugar más seco y tranquilo

Próxima a cumplir veintiún años, la edad de la mayoría de edad en los arácnidos, la araña del Guggenheim, una escultura de nueve metros y ocho patas de Louise Bourgeois, quiere mudarse a un lugar más seco y tranquilo: el Parque de Cabárceno.

Harta de la humedad del río Nervión, se queja también del estanque que han puesto a sus pies, siempre lleno de agua. Además, “los niños no paran de gritar a mi alrededor y me molestan continuamente corriendo entre mis patas”. Y continúa: “No paran de hacerme fotografías de día y de noche. No hay quien duerma en paz”. Y finaliza: “En el Parque de Cabárceno he conocido a un araño encantador. Por fin, voy a poder copular a gusto y comerme después a mi macho preferido”.

La dirección del Museo Guggenheim lamenta la perdida de uno de sus emblemas y ya tiene ideas para su sustitución en caso de marcha del arácnido. Se piensa colocar un animal que proteste menos, quizás una almeja o una llama; la primera porque puede cerrarse sobre sí misma y la segunda porque se defiende sola.

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