La Pasión Viviente de Castro Urdiales tiene que enterrar a Jesucristo en Laredo, dada la imposibilidad de hacerlo en el repleto cementerio local

El pasado Viernes Santo la representación viviente de la Pasión de Cristo por las calles y lugares emblemáticos de Castro Urdiales no pudo llegar a su fin: tras la crucifixión y descendimiento del cuerpo de Jesucristo no hubo manera de poderlo enterrar en el cementerio local, cercado por los coches y sin ningún sepulcro libre.

Las soluciones no eran muchas: o enterrarlo en el cercano País Vasco o llevar su cuerpo hasta la villa de Laredo, con un bonito cementerio cercano a una atalaya sobre el mar. Desechada la primera solución por un detalle espinoso –Jesucristo sería ciudadano vasco de origen-, se optó por la segunda: Laredo y sus vistas sobre el Cantábrico.

Los organizadores de la Pasión Viviente esperan poder evitar la situación en futuras crucifixiones y muertes de Hijos de Dios, “pues nos sale por un pico el alquiler del coche fúnebre y todo el montaje del enterramiento en otro lugar que no sea Castro Urdiales”.

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