La Puerta del Perdón de Santo Toribio se cierra ante la llegada del peregrino 666

Once años llevaba cerrada hasta ayer la Puerta del Perdón del Monasterio de Santo Toribio. Una puerta difícil de abrir; su funcionamiento no depende de llaves y cerrajeros. Después de que un cardenal de la Iglesia Romana fuera capaz de abrirla con un martillo y un micrófono, un extraño incidente ocurrido ayer domingo volvió a clausurarla: la llegada del peregrino 666.

Este peregrino 666, vestido con pocas ropas y portando una extraña cruz con cuernos, quiso cruzar la puerta cuando, con gran estrepito, se cerró ante sus narices. En todo el monasterio y esplanada adyacente se oyó una voz cavernosa: “No queremos que este Arco del Perdón se vea unido a la marca de la bestia, ese infernal 666 que nunca toca en la lotería de Navidad”.

Y, aprovechando que por algún rincón estaba el ministro de Fomento, la voz continuó lúgubre y siniestra: “Hermano Iñigo, nos harían falta unas cuantas escaleras mecánicas a los espíritus de este monasterio para realizar nuestras tareas. Estamos mayores”. El peregrino 666, Risto Antic, no pudo obtener ningún perdón ni indulgencia plenaria. Su enfado le ha llevado a cambiar su nombre: a partir de ahora ha nacido un nuevo Antic Risto.

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