Ola de coches empotrados en edificios en Cantabria

Un nuevo deporte automovilístico ha surgido en las plazas y calles de los pueblos de Cantabria: empotrar coches. Un deporte en auge desde Unquera a Castro Urdiales, que ayer jueves tuvo numerosos participantes.

En Torrelavega un amante hijo de… su madre, entró con su Ford Viva la Fiesta en una floristería para comprar unas flores a su mamá: “El domingo es su día”, se disculpó. En Reinosa un Seat Santoña negro se incrustó en un estanco: “Bajé a por tabaco y solo quería pedir fuego”, se exculpó el fumador. En Unquera un ejecutivo asturiano se quedó sin corbatas y encajó su Audi 4×4=16 en la confitería “Tataranietos de Pindal”. En Castro Urdiales una apuesta llevó a un Mercedes Clase Ñ a acoplarse en una pared de la fábrica de hielo: “Necesitábamos unos kubitos para el kubata”, declaró el dueño del vehículo, del mismo Santurtzi.

En Ampuero otro deportista motorizado con su Volkswagen Juego al Golf quiso organizar unas fallas en el Ayuntamiento: “¡Lo voy a quemar todo!”, fue su grito de guerra tras romper la puerta de entrada con el coche. En Suances un vecino quiso conocer el faro de cerca con su Renault Aminohayquien Megane; su error de cálculo le llevó en caida libre a la Playa de los Locos. Allí sigue.

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