Una invasión de piojos paraliza el Parlamento Regional

Las actividades legislativas y políticas del Parlamento Regional de Cantabria han sido suspendidas tras una epidemia de piojos entre los parlamentarios de los diversos partidos. Estos incómodos huéspedes se han adueñado de las cabelleras de sus señorías que han tenido varias sesiones y debates presididos por una incesante picazón capilar.

La Consejera de Sanidad ha declarado que la culpa la tiene tanto encierro y asientos muy cercanos: “Los piojos se veían saltar de un escaño a otro”. El Consejero de Ganadería ha echado las culpas a una feria del ganado medieval permitida por el alcalde de Santander a las puertas del edificio legislativo: “Con tal de fastidiar, incluso a los de su partido, nos llenó la zona de excrementos vacunos, moscas y piojos”. Una parlamentaria socialista sospechaba de los sombreros de algunas parlamentarias populares. Los regionalistas veían con malos ojos las coletas de la gente de Podemos. Estos achacaban el problema a la poca limpieza de la casta. Todos miraban al único parlamentario calvo como el posible infiltrador de los bichitos dada su continua sonrisa cada vez que algún pelo era rascado con vehemencia.

 

La presidenta del Parlamento intentó recordar la inviolabilidad del diputado a todos los efectos, algo que no debían conocer los nuevos habitantes de las cabezas de sus señorías. El debate posterior acordó poner fin al problema yéndose cada mochuelo a su olivo, encargándose un centenar de lociones y champús antiparasitarios para repartir y decretándose diez días de vacaciones parlamentarias. Se espera que los piojos más resistentes del hemiciclo no tomen decisiones ciudadanas durante este asueto.

 

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