Una panadería en una irreductible aldea cántabra resiste contra la nueva legislación de los panes

Una panadería en una irreductible aldea cántabra resiste contra la nueva legislación de los panes

Estamos en el año 2019 después de Jesucristo. Toda Cantabria está ocupada por la nueva legislación sobre cómo fabricar y vender pan moderno… ¿Toda? ¡No! Una aldea poblada por irreductibles panaderos resiste, todavía y como siempre, al invasor europeo. Y la vida no es fácil para los inspectores de las Consejerías de Sanidad, Agricultura, Turismo y Consumo que la rodean y no pueden hacer cumplir normativas de panes de otras tierras.

Cabezón de Liébana es el pueblo, casi aldea, donde los panaderos resisten haciendo el pan como toda la vida: “A ver si ahora tenemos que escribir cómo hacemos nuestros panes artesanos, nuestras tortas, hogazas y boronas”.

Los panaderos han establecido un turno rotatorio de hornos, amasando y horneando en las horas que los inspectores duermen, como siempre. “No nos cambiarán”, comenta su portavoz que añade: “Como nos enfaden vamos a elaborar el pan de masa padre y madre, de masa hijo e hija y de masa güelu y güela, y diseñar una baraja con la familia panadera de Cantabria… y somos muy cabezones”.

(Aviso de cookies | Política de privacidad | Aviso legal)